29 de octubre de 2012

No es oro todo lo que reluce

Hay veces en las que factores externos hacen que temporalmente dejes de disfrutar de ciertas cosas que antes te aportaban mucho y que se conviertan en casi una pesadilla.

Saco fotos en Riazor desde hace años. Desde el primer día, en el que yo iba con mi cámara réflex básica, con mucha ilusión y muchas ganas de aprender, me di cuenta de que este no es un trabajo fácil. Y me di cuenta a base de golpes. ¿Sabéis la escena que muchas veces meten en los resúmenes de partidos de los dos entrenadores dándose la mano? Pues bien, es solo un ejemplo pero para un fotógrafo conseguir esa imagen es luchar contra empujones, insultos e incluso codazos en las costillas (alguno que otro tengo visto acabar en el suelo por escenas de ese tipo). Es un trabajo con mucha rivalidad, todos quieren la mejor foto y luchan por conseguirla. Normal, ¿no? Al fin y al cabo es tu trabajo.


En mi caso, pese a ir a todos los partidos tardé mucho tiempo en considerarlo como tal. Yo iba a Riazor a aprender y las fotos iban para páginas web que, en su mayoría, tenían escasos ingresos como para que fuera remuneradas. El año pasado me llamaron de una agencia de fotografía, de cuyo nombre no quiero acordarme, y desde el primer momento no dudé en colaborar con ellos. Me iban a pagar por algo que ya llevaba tiempo haciendo y era la oportunidad perfecta para abrirme a este mundo publicando en prensa y teniendo algo más para poner en el curriculum. Te hablan de una media de precios por foto y estás de acuerdo pero, a partir de ahí, todo deja bastante que desear. Esas cantidades que aceptaste en un principio nunca se cumplen, trabajos que otros cobran 500 a ti te dan 40 y para eso, después de muchos problemas y muchas conversaciones, te pagan un año más tarde. Menosprecian tu trabajo y prácticamente se ríen de ti. ¿Porque estás empezando? Quizás. La rabia que te queda te hace acordarte de todo lo vivido, de las horas invertidas, de estar en el estadio con lluvia, con viento, con frío o con un calor abrasador y se te cae el alma a los pies. Y ya no es solo lo que te pase a ti sino que además, al hacer el mismo trabajo y pagándote menos, perjudicas a tus compañeros de profesión bajando el precio de mercado y creando una especie de odio-rencor hacia los "novatos".

"¡Que suerte tienes de poder ver el fútbol desde ahí abajo!" me dicen muchas veces. "¡Que suerte tienes de viajar a tantos partidos del Depor!"… Pues si, me siento afortunada, muchos querrían estar en mi lugar.

A mi y a mucha de la gente que conozco, nos cuesta mucho más trabajar que lo que ganamos pero si es lo que te gusta, si es a lo que quieres dedicarte, lo importante es aprender de los problemas para intentar evitar que se repitan y tener bien claro, como dije en el título, que no es oro todo lo que reluce.

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